Aprovechando las tendencias

Enero siempre llega. Para los vivos y para los muertos.

Lo que pasa es que los muertos no se enteran.

Tampoco se enteran los vivos, en realidad.

“Otro añito más, hahaha hahaha”. “Pues nada, de vuelta al curro, ahahaaha”. “Empieza el año, voy a conseguir que mi perro baile tango”. “¡Y yo voy a convertirme en mi mejor versión!”

Ey, Rupert, ¿qué tal estás?

“Escapando” ahaaha

“Nada, lo de siempre ahahaha…”

Insectos…

Inmundicia…

Enero siempre llega. Cada año y en cada una de tus células.

El tiempo transcurre amigo. Y tú, mientras, te conformas. Con demasiado poco, por norma general.

Y no estoy hablando de que consigas el trabajo de tus sueños.

Estoy hablando de que abras bien los ojos. Efectivamente, ahora tienes una pantalla delante de tu cara.

Y, sin ser ejemplo de lo contrario, seguramente es lo que, en buena parte de tu tiempo, sueles tener enfrente de tu nariz.

¿Cómo que estoy conformándome? ¡¿Cómo osas aseverar nada sobre mi vida?!

No sé “amigo” ahahaha (me viene constantemente a la mente la jerga de los reventadillos de bar, riéndose y rebuznando, unos seres que me apasiona observar), no sé quién eres. Tú verás si te sientes identificado.

¿Sientes con frecuencia una gran emoción y una enorme confianza?

¿Te levantas cada mañana con burbujitas de bienestar en la cabeza?

¿Te sientes invencible? ¿Tiene sentido la vida para ti?

¿Te miras en el espejo sin camiseta y piensas que podrías matar a cualquiera de un puñetazo?

Si te persigue un tarado con una cimitarra, ¿podrías escapar fácilmente?

Al menos, cuando te miras, ¿piensas que eres digno de tu especie? ¿Escuchas la canción de tu alma? ¿Oyes el rugido del dragón? ¿Sientes en tu piel los vítores por tu desempeño en el gran circo de la vida?

Lo reconozco. En alguna pregunta he tirado hacia lo que a mí me enciende. Yo escucho algo como “la voluntad de un rey”, o que “murió con una sonrisa”… y se me pone la piel de gallina. Cada una de las veces.

En cualquier caso, si tu respuesta a esas preguntas tiende al “no”…

Compañero/a…

Me temo que te estás conformando.

Mucho me temo de que, en el lecho de tu muerte, no sonreirás.

“Pero yo no quiero sonreír en el lecho de mi muerte”

¡Sí que quieres!

“Pero yo no me quiero morir”

¡Lo harás! ¡Pero lo harás con una puñetera sonrisa en tu cara!

¿Y cómo sonrío cuando en realidad quiero llorar?

Pues como ocurre en casi todas las situaciones. Paso a paso. Primero una cosa y después la otra.

Primer paso: tómate tu tiempo para llorar.

Si se te alarga mucho la cosa, actúa mientras lloras.

Entendamos por llorar como un proceso pernicioso que no te permite ver el futuro con optimismo. No necesariamente has de llorar literalmente. Digamos que lo que llora es tu alma.

¿Y cómo actúo mientras lloro? Pues actuaremos en lo que hacemos con el cuerpo. ¿Por qué? Porque es mucho más fácil equilibrarte actuando sobre el mismo que intentando dominar tu mente con el pensamiento. ¿Conoces el nervio vago? Un nervio de tu cabeza que, en resumen, al ser activado, te da bienestar y calma. Y el 80% del mismo es aferente (sensitivo). Recibe lo que haces con tu cuerpo y responde ante ello. Conociendo esto, tus métodos de actuación mientras lloras serán los siguientes:

1. Muchísimo movimiento y, en particular, entrenamiento de fuerza + cardio moderado-intenso. Una espectacular forma de cuidar tu química y, por supuesto, tu nervio vago.

2. Hablar con gente de confianza largo y tendido. Otra espectacular forma de segregar sustancias mágicas (hormonas y neurotransmisores) que jugarán a tu favor.

3. Respirar en silencio (el de verdad, sin instagram ni notificaciones), ralentizando la exhalación.

Segundo paso: sonríe con orgullo.

¿Y cómo hago para sonreír con orgullo? Ambos sabemos que esta pregunta no tiene una respuesta mágica y, aún con todo, te voy a dar una buena respuesta.

Para sonreír con orgullo y paz caminaremos por dos enfoques distintos, el taoísmo y la coherencia.

Sonrisa taoísta

Empecemos por el sendero que menos densidad alberga. ¿Sabes lo que piensan acerca de la felicidad en la filosofía (que no religión) del taoísmo? Consideran que pensar en ello te aleja del verdadero camino.

Según los taoístas tu sonrisa y tu bienestar no deben estar “condicionados a”.

No hay una causa detrás de tu paz interior. Esta es tan natural como la sangre fluyendo por tus venas.

No has de conseguir nada en particular, ni has de recibir ningún trato en especial para sentirte sereno o serena. Tú estás bien e, independientemente, el mundo y la vida sucede.

Tengo un primo segundo que, sin conocer el taoísmo, vive según sus designios. Cada cosa que hace. ¡Qué tío más majo joder!

No obstante, a poco que hayas profundizado en el cuerpo humano, estarás pensando: “si me alimento muy mal y soy una babosa humana voy a tener la química destrozada… y va a ser imposible aspirar a este ideal”.

Antes que nada, recordemos que estamos hablando de cierta culminación del alma, una especie de ideal (aunque el término “ideal” ya sería contrario al taoísmo, que no busca ideal alguno, tan solo permite que las cosas ocurran y “sean”).

Más aún, cuando uno consigue vivir con esa serenidad auténtica, tiende a tomar las decisiones correctas y coherentes con respecto a su cuerpo y su cerebro. Por lo tanto, no puedes actuar como un taoísta y a la vez maltratar tu cuerpo.

Dicho de otra forma: el taoísta no espera a que ocurra nada en particular para sonreir.

Sonrisa coherente

Este segundo “camino” hacia tu “yo” más legendario va justamente de esto: de ser coherente a lo que, en el fondo de tu ser, sabes que te conviene.

Y cuando hago alusión a este tipo de coherencia, lo hago habiendo eliminado unas cuantas capas de cosas que creías que importaban… pero que en realidad no importan en absoluto. Hablamos de una coherencia trascendental.

Este sería algo parecido al camino inverso de la sonrisa taoísta.

Con la sonrisa coherente nosotros nos damos lo que necesitamos, hacemos lo que nos conviene, y por ende estamos en paz.

Sin embargo, como seguramente trates de buscar tu coherencia y tu plenitud a través de la acción y el pensamiento, ya que no vivimos en un mundo que se preste a la sonrisa taoísta, llegarán los baches. Y es ahí cuando la mayoría se detiene. Lo he visto una y mil veces. Te pondré tres ejemplos:

  • Quieres aprender a tocar el piano. Al fin, un día comienzas. Estás a tope, unas sensaciones fantásticas, aprendiendo cosas nuevas casi a diario. Y llega el bache. Ya no avanzas tan rápido, te sientes estancado. ¿Qué decide la mayoría? Se deja llevar por la frustración y deja de tocar el piano por completo.
  • Quieres ponerte en forma de una vez. Un día, después de darle vueltas en exceso, empiezas. Y además, incluso, lo haces en modo pro. Contratas un entrenador personal. Extraordinarios avances. Pero esto no es para siempre. Llega un momento en que sientes que ya no progresas. A los 6 meses te llegan unas semanas de apatía en la que te encuentras un poco tontorrón. De forma abrupta o poco a poco… lo dejas. Piensas: para unos avances tan mediocres mejor no perder el tiempo en entrenar (aprovecho esta ocasión para recordarte que entrenar te aporta mil cosas más, aparte de rendimiento y apariencia física), mejor me dedico a hundirme más en la miseria.
  • En algún lugar de cuyo nombre prefieres no acordarte… has visto un anuncio. “Vivir de internet”. Sabes que muchos de esos anuncios prometen mentiras. Sin embargo, el anuncio que has visto lo ha hecho un autor que es tu confianza. Llevas décadas arrastrándote en tu trabajo actual y sientes una llamada mística con este anuncio. Te apuntas a la formación que anuncian y empiezas con ella repleto de entusiasmo. Hasta que una semana ya empiezas a preguntarte si merece la pena tanto esfuerzo. A tomar por culo.

¿Te imaginas lo qué hay mas allá de ese bache? Pon atención a esta gráfica.

Seth Godin llama “The Dip” (el valle o el bache) a esa fase inevitable en la que, después del entusiasmo inicial, el progreso se vuelve lento, incómodo y parece que no compensa… justo antes de que empiecen a llegar los grandes resultados.

La idea clave no es “aguanta siempre”, sino aprende a distinguir cuándo merece la pena aguantar el bache y cuándo es mejor abandonar (pero abandonar con estrategia, no por pura frustración).

  • Al principio hay mejoras rápidas (aprendes lo básico, tienes “victorias fáciles”).
  • Luego llega el bache: te esfuerzas lo mismo o más, pero los resultados bajan o se estancan. Aquí la mayoría se rinde.
  • Si atraviesas el bache, entras en una zona donde la competencia ya es menor (porque muchos abandonaron) y los resultados vuelven a subir con fuerza. Eso es “maestría”.

Godin dice que los que ganan no son los más duros, sino los que:

  1. Eligieron un camino que vale la pena.
  2. Tuvieron un plan para aguantar el bache.
  3. Supieron abandonar a tiempo lo que no valía la pena.

Yéndonos al terreno de la salud y/o el aspecto, que es donde tengo más recorrido y experiencias (propias y ajenas), ¿adivinas qué habría sucedido si esa persona no hubiera abandonado en su sexto mes? No solo habría transformado por completo su aspecto físico, habría transformado su carácter y habría mejorado muchas características más sutiles, tales como la capacidad de estrategia, la paciencia, la gestión del estrés…

Si te estancas en algún momento no te vengas abajo. Tienes muchas otras opciones aparte de ser un gusano, tales como: tomar un descanso de una semana, reenfocar el método de entrenamiento, revalorar prioridades y forma de tomarte las cosas…

Dicho de otro modo, si vienen tiempos convulsos…

Aprovecha el bug

Un grande de estos “tiempos modernos”, Willyrex, fue de los primeros en usar esta expresión.

Hay pocas posibilidades de que la conozcas (aunque es una leyenda de youtube) si eres mayor que yo, pero su valor no está determinado por lo conocida que sea.

Aprovechar el bug se refiere a, frente a un error en la programación de un videojuego (un bug), darnos cuenta de que esta errata en realidad no empeora las posibilidades y puede ser aprovechada a nuestro favor.

Pues bien. Tú y yo le vamos a sacar partido a nuestros errores. Y, ampliando más el espectro, le sacaremos partido a las tendencias. Todo lo que hayas hecho en tu vida debe servirte como referencia, no como un lastre.

Lo sé, salvo que tengas una afinidad especial con el escritor de este post, te costará tener una certeza total de aquello a lo que me estoy refiriendo. Lo cierto es que una parte debe ser interpretación tuya, debes llevarlo a tu terreno.

No obstante, para finalizar con este relato, que espero que te haya transmitido algo poderoso, aterrizaremos lo que hemos visto hasta ahora. Te voy a dar 2 ejemplos de aprovechar el bug y te lanzaré una propuesta para que aproveches una tendencia, una muy conocida.

Ejemplo de aprovechamiento de bug n°1: una persona que ha cometido muchos errores en la alimentación.

Esta persona, que se sobrepone a ello, acaba convirtiéndose en una experta en la nutrición y, seguramente, en muchas cosas relacionadas, como la inflamación, la mente… Esta persona aprovechó su propio bug.

Ejemplo de aprovechamiento de bug n°2: una persona ha sido desconsiderada con alguien muy querido.

Gracias al dolor de ese ser querido, la persona, otrora desconsiderada con la gente, se da cuenta de que ese ha sido su modus operandi la mayor parte de su vida y decide cambiar, convirtiéndose en alguien sensible y atento. Aprovechó su propio bug. No se encasilló en que ella es así. Se puso en marcha. Y gracias a ello, si bien antes era alguien despreciable, ahora es un encanto y un ejemplo de empatía.

Y por último, vayamos a la parte de “aprovechar tendencias”. ¿Conoces la tradición (tendencia) de empezar a hacer algo en año nuevo? Estoy seguro de que así es.

Esa es la propuesta que te lanzo: que aproveches el inicio de año para iniciar algo significativo.

Para que no seas un insecto más de los que dice y no hace (entre los que en ocasiones me incluyo), tendrás que apartarte de todo lo que te rodea un buen rato (o incluso un día entero). Una vez estés en silencio… ¿Lo estás? Vale, pues entonces vamos allá. Coge una libreta (o el pdf que podrás descargarte más adelante) y escribe tu PRE, tu INTRA y tu POST.

Dicho en claro.

PRE ¿Qué he hecho hasta la fecha (pasado)? ¿Qué tengo que continuar haciendo?

Nos referimos al año que acabas de pasar y a tu vida en general. A menudo nos obcecamos en lo que no hemos hecho y no damos un solo pensamiento a todo en lo que hemos mejorado. A lo mejor eres mucho menos imbécil y tu le quitas hierro constantemente. ¡PUES NO! Un aplauso ostia, ser menos imbécil tiene mérito.

INTRA. ¿Qué estoy haciendo (o cómo soy) hoy en día? ¿Qué tengo que dejar de hacer?

Vamos en piloto automático y a veces ni nuestro presente conocemos. ¿Tienes una idea clara de a qué dedicas tus días? ¿Qué haces en la actualidad que te quita las ganas de vivir? Deja de hacerlo.

POST. ¿Qué quiero llegar a hacer? ¿Qué necesito empezar a hacer?

Aquí has de ser “asertivo” contigo mismo. Pídete algo tan ilusionante como razonable. Si quieres que tu cuerpo sea tu templo de paz, sin dolores físicos, sin mareos, sin cosas raras hasta los cien años… ¿Sabes cuál es el primer paso? Un plan. ¿Y el segundo? Ve al puto gimnasio. Si tu sueño es dar una charla a cierto número de personas y no has hecho nada en tu vida, no empezaremos por querer dar una charla a cincuenta mil personas en el Camp Nou. Eso sería poco razonable. Tu primer paso será verificar que tienes una buena charla preparada. Tu segundo paso será dársela a tu prima Sara. Y luego a cincuenta personas.

¿Existe un nivel superior a esta potente actividad? Así es. El único requisito previo es que debes saber crear imágenes con chatgpt. ¿Como se crean? Pidiéndoselo. Por ejemplo: Oye chat, “haz una imagen de mi mismo siendo el mejor chef del mundo. Estoy dando unas indicaciones a mis cocineros de confianza”

El siguiente nivel de visualización será crear 3 imágenes, una para tu futuro deportivo, otra para tu futuro personal y otra para tu futuro profesional. Busca el dichoso silencio y piensa en ello. Te dará mucha paz. Y te evitará seguir dejándote llevar por la marea hasta que sea demasiado tarde.

Si necesitas un empujoncito, reflexiona sobre lo que te gustaría que dijeran de ti en tu entierro. ¡Ramón fue un excelente profesional! No creo que quieras que digan eso. La mayoría quiere ser recordado, como mínimo, como una buena persona. A mí me gustaría que encendieran una hoguera y bailaran alrededor de la misma, como los indios del oeste, gritando de éxtasis. Y también me gustaría que piensen algo parecido a: “El puto Samuel vivió como le salió de los cojones”.

Y si alguien abre la tumba y me mira… verá una sonrisa.

Hoy es el cumpleaños de mi colegoncio Rupert. Le he mandado unos delirantes audios y me ha contestado lo siguiente:

“Nada amego, me sorprende que te acordases de la edad y de mi cumpleaños, yo es que ni me acordaba. Llevas 3 años diciendo que tengo 32 años (se lo decía para hacer hincapié en que la vida se lo estaba comiendo y, mientras, el se dedicaba a pasear al perro), y ahora que tengo 32 años de verdad, me alegro de estar en una situación en la que es difícil que me odies.”

Es otra forma más humilde de afrontarlo.

¿Necesitas una superficie especialmente diseñada para expresar tu aliento de dragón? Te lo envio a tu correo a través del siguiente formulario

"*" señala los campos obligatorios

Conclusiones finales

Los errores y las tendencias no están para lamentarse o para suspirar por ellos. Están para aprovecharlos.

Estate al loro. No eres un cervatillo que escapa del peligro. Tú persigues al peligro. Eres el peligro mismo. Eres peligroso para tu antiguo “yo”.

El día 1 empiezas.

Y el día 90 continúas.

Otras cositas que pueden interesarte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *